No hay duda de que el cambio climático es uno de los mayores desafíos sociales y ecológicos que enfrenta la humanidad. El café, en particular, es uno de los sectores que está sintiendo estos impactos con mayor intensidad ya que se cultiva en algunos de los paisajes más vulnerables del mundo y es altamente sensible a los cambios de temperatura, a las variaciones en los patrones de precipitación y a la degradación del suelo.
En los últimos años, hemos escuchado decenas de testimonios de productores en América Latina que enfrentan desafíos climáticos que afectan ciclos de floración alterados, sequías frecuentes, lluvias intensas que provocan la pérdida de cerezas, la propagación de enfermedades y una reducción general de las áreas aptas para la producción de café. Para estos productores, el cambio climático es una realidad cotidiana que agrava los ya significativos riesgos del cultivo de café.
Si bien los datos muestran que los sistemas alimentarios, incluida la producción de café, son responsables de una proporción significativa de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI), las soluciones climáticas no pueden darse a costa de los medios de vida de los productores. Además, aunque los esfuerzos de mitigación son esenciales para evitar que los impactos climáticos empeoren, las inversiones en adaptación deben ser prioritarias en el contexto de los pequeños productores de café.
Para 2017, más del 80% de las personas en situación de pobreza extrema en el mundo vivían en zonas rurales, muchas de ellas dependientes de la agricultura y de sistemas agroforestales como el café. La caficultura sostiene a más de 12 millones de familias de pequeños productores a nivel global, muchas de las cuales ganan menos de 2 dólares al día y dependen de ecosistemas cada vez más frágiles para su sustento.
Los esfuerzos tradicionales para mejorar los medios de vida en el sector cafetalero suelen centrarse en prácticas generales y objetivos amplios, como el aumento de la productividad. Sin embargo, la resiliencia climática requiere enfoques adaptados a cada región, reconociendo que los sistemas de producción, las organizaciones y los actores de la cadena de suministro están profundamente arraigados en entornos locales.
Con demasiada frecuencia, los proyectos de resiliencia climática tratan a los pequeños productores como usuarios finales de la investigación, en lugar de reconocerlos como co-creadores y tomadores de decisiones. Esto limita tanto la efectividad como el impacto a largo plazo.
La crisis climática es uno de los
mayores desafíos que enfrenta
la industria del café.
Nadie lo entiende mejor que las y los productores, quienes demuestran resiliencia cada día al enfrentarse a estos cambios.
La realidad es que aún hay mucho sobre la crisis climática que no comprendemos, pero cada día la ciencia, los datos y la evidencia son más claros y pueden utilizarse para ayudarnos a prepararnos y adaptarnos.
Lamentablemente, los datos climáticos rara vez son accesibles para las comunidades cafetaleras, pero en The Coffee Source tenemos la misión de cambiar esa realidad.
Ground Up Resilience
Ground Up Resilience está diseñado para desafiar estos modelos tradicionales mediante la priorización de procesos participativos, ciencia ciudadana y acciones lideradas por los propios productores. A través de un enfoque basado en el descubrimiento, la iniciativa se adapta a las realidades de los pequeños caficultores en América Latina, reconociendo su conocimiento y experiencia como elementos esenciales para construir resiliencia.
Creemos que es momento de reescribir la narrativa.
Los caficultores no son simplemente víctimas del cambio climático ni receptores pasivos de iniciativas globales. Con las herramientas, el apoyo y el reconocimiento adecuados pueden liderar la transformación de sus comunidades de maneras que reflejen sus realidades únicas.
Ground Up Resilience es nuestro compromiso de acompañarlos, desde las raíces del café hasta los sistemas globales que dependen de su supervivencia.
Componentes
Nuestro enfoque combina la ciencia climática, metodologías participativas y conocimiento local para co-crear estrategias prácticas de adaptación climática lideradas por las comunidades. Se basa en marcos establecidos como los Servicios Climáticos Integrados Participativos para la Agricultura (PICSA) y en investigaciones como Transformation from the Ground de CGIAR, adaptados a cada contexto local.
Comenzamos identificando y analizando los datos climáticos disponibles, incluidos registros históricos y proyecciones futuras, con una fuerte preferencia por conjuntos de datos locales. Estos se complementan, cuando es necesario, con fuentes globales como el Banco Mundial, KNMI Climate Explorer y la NASA.
Esta fase asegura que todas las actividades posteriores se basen en una comprensión compartida y fundamentada en evidencia de los patrones de temperatura y precipitación, por ejemplo.
En paralelo, identificamos a productores con “desviación positiva”, es decir, aquellos que ya están implementando prácticas exitosas de adaptación climática a pesar de enfrentar limitaciones similares. Sus experiencias, procesos de toma de decisiones y resultados se documentan para informar las etapas posteriores del programa.
Este paso establece tanto la base científica como las prácticas validadas localmente que guían el proceso.
Facilitamos una serie de sesiones grupales participativas (generalmente de 2 a 3 sesiones con 8 a 15 productores), adaptadas de la guía de campo de PICSA y enriquecidas con aportes de Transformation from the Ground de CGIAR.
A través de estas sesiones, los productores:
- Mapean patrones estacionales y actividades agrícolas
- Comparan los registros climáticos con su experiencia vivida
- Analizan opciones de medios de vida bajo condiciones climáticas cambiantes
- Interpretan pronósticos climáticos a largo plazo y exploran escenarios futuros
Estos ejercicios están diseñados para conectar la información científica con el conocimiento local, permitiendo a los productores tomar decisiones informadas basadas tanto en datos como en su experiencia.
El proceso también enfatiza la inclusión, asegurando que las perspectivas de mujeres y jóvenes estén activamente representadas.
A partir de los aprendizajes de las fases anteriores, organizamos intercambios de aprendizaje Productor/a a Productor/a (F2F), que incluyen visitas de campo a fincas gestionadas por productores identificados como líderes en “desviación positiva”.
Estas interacciones permiten a los productores:
- Observar prácticas exitosas en condiciones reales
- Hacer preguntas y comprender los detalles de implementación
- Generar confianza en estrategias de adaptación probadas localmente
Esta fase refuerza el aprendizaje a través de la experiencia directa y fortalece las redes de conocimiento comunitarias.
Las y los productores identifican colectivamente áreas prioritarias para la adaptación y seleccionan una o más iniciativas para desarrollarlas en mayor profundidad.
Esta fase incluye:
- Selección de proyectos liderada por la comunidad
- Establecimiento de un Comité de Productores
- Desarrollo de una propuesta de proyecto, incluyendo presupuesto, cronograma e impacto esperado
Un fondo semilla inicial apoya la implementación temprana, con oportunidades de apalancar financiamiento adicional a través de alianzas.
El resultado es una ruta de adaptación con apropiación comunitaria, basada tanto en datos como en la toma de decisiones colectiva.
Todos los hallazgos del proceso, incluidos los datos climáticos, los conocimientos de los productores, las prácticas seleccionadas y las prioridades, se sintetizan en un Plan de Adaptación Climática.
Este documento sirve como:
- Una guía práctica para la implementación
- Una herramienta de comunicación para actores clave y aliados
- Una base para el escalamiento futuro y la inversión
Está diseñado para ser accesible, manteniendo al mismo tiempo su alineación con marcos de planificación más integrales.
Cuando las condiciones lo permiten, el proceso puede evolucionar hacia un Living Lab for People (LL4P), un espacio participativo donde productores, organizaciones y otros actores colaboran para probar y perfeccionar soluciones climáticas en contextos reales.
A diferencia de los entornos tradicionales de investigación, los LL4P operan directamente dentro de las comunidades, permitiendo:
- Experimentación y aprendizaje iterativos
- Intercambio continuo de conocimientos
- Fuerte apropiación local de las soluciones
Este proceso cíclico apoya la adaptación a largo plazo y el desarrollo de innovaciones escalables y adaptadas al contexto.
Nuestro Equipo
Paz (también conocida como Pipa) es ingeniera ambiental con una Maestría en Medio Ambiente, Cambio Climático y Desarrollo de la Universidad de Reading. Comenzó a trabajar con comunidades cafetaleras como estudiante en 2017 y ha continuado esta labor tanto en el sector público como en el privado. La creación de esta iniciativa estuvo particularmente inspirada en su trabajo de tesis en Perú, donde visitó a productores en Amazonas, así como en un curso sobre Diseño para la Adaptación al Cambio Climático en CIID, que introdujo metodologías como el prototipado de ciencia ficción.
Daniel es ingeniero agrónomo graduado de la Universidad de Costa Rica, con experiencia en producción, manejo e investigación aplicada en café. Actualmente se desempeña como Gerente Agrícola en Beneficiadora Santa Eduviges, donde lidera estrategias agronómicas enfocadas en la sostenibilidad, la innovación y la resiliencia climática.